Nota al margen
¿Nunca han escuchado ese dicho (un tanto cínico, por cierto) según el cual si una revista pornográfica se imprimiese en blanco y negro y con tapas duras pasaría por arte? En el fondo, no está tan desencaminado. El arte siempre ha disfrutado de cierto margen de tolerancia con respecto a la representación del desnudo o del sexo. El motivo es evidente, ya que la principal diferencia entre arte y pornografía no está en lo que se muestra, sino en el hecho de que la pornografía, a diferencia del arte, carece de segundas lecturas.
Ahora, más allá de la polémica desatada en cuanto a lo que es arte y lo que no, está claro que la foto tiene una intencionalidad erótica, aunque personalmente pienso que no es la única. Otra cosa es que cada persona decida si dicha intencionalidad tiene éxito o no, pero está ahí.
De todas formas, el principal morbo de todo este asunto no viene por el hecho de que salga una niña de 10 años desnuda, sino por el hecho de que esa niña es Brooke Shields. Si fuera una cría anónima no se habría causado este revuelo y creo que ni siquiera se habría retirado la foto.Todo esto, repetimos, en el contexto de una galería y hablando (al menos de cara al público) de arte.

¿Nunca han escuchado ese dicho (un tanto cínico, por cierto) según el cual si una revista pornográfica se imprimiese en blanco y negro y con tapas duras pasaría por arte? En el fondo, no está tan desencaminado. El arte siempre ha disfrutado de cierto margen de tolerancia con respecto a la representación del desnudo o del sexo. El motivo es evidente, ya que la principal diferencia entre arte y pornografía no está en lo que se muestra, sino en el hecho de que la pornografía, a diferencia del arte, carece de segundas lecturas.

Ahora, más allá de la polémica desatada en cuanto a lo que es arte y lo que no, está claro que la foto tiene una intencionalidad erótica, aunque personalmente pienso que no es la única. Otra cosa es que cada persona decida si dicha intencionalidad tiene éxito o no, pero está ahí.

De todas formas, el principal morbo de todo este asunto no viene por el hecho de que salga una niña de 10 años desnuda, sino por el hecho de que esa niña es Brooke Shields. Si fuera una cría anónima no se habría causado este revuelo y creo que ni siquiera se habría retirado la foto.

Todo esto, repetimos, en el contexto de una galería y hablando (al menos de cara al público) de arte.

Monumento al Holocausto, en Berlín. Por desgracia la sensación que da el verlo desde lejos y luego ir penetrando en él es imposible de reflejar de una forma no-presencial.

Monumento al Holocausto, en Berlín. Por desgracia la sensación que da el verlo desde lejos y luego ir penetrando en él es imposible de reflejar de una forma no-presencial.

Estado del Bienestar (ojo: de MI bienestar)

Curioso. En el neo-liberalismo, si no “consumes” no eres persona. En el llamado “Estado del Bienestar”, si no cotizas, no eres persona.

Reflexión: ¿quién enterrará nuestro Yo virtual?

Empezó con algo tan sencillo como tener una cuenta de correo. Ahora, con el auge de la creación de contenido por parte de los usuarios, es normal que la gente tenga un blog, una cuenta en Twitter, en Flickr, en Youtube, en Tumblr, o incluso que se dé de alta en una o varias redes sociales a la vez. Con el tiempo, y por razones de economía de esfuerzos, no será raro que cada persona tenga el mismo nombre de usuario para todas estas aplicaciones. Si incluso iniciativas como OpenID tienen esa finalidad, y ya hay estados, como Corea del Sur, que han empezado a implementar medidas para la creación de un “carné de indentidad para Internet”.

En otras palabras, ese montón de letras, palabras e imágenes que vamos dejando por ahí cada vez están más asociadas a un ente creado por nosotros y que, a diferencia de nuestro Yo de la vida real, actúa sólo en la web. Es lo que podríamos llamar un “Yo virtual”.

Muchos podrían llegar a considerar que la vida de su “Yo virtual” es, objetivamente hablando, más interesante y enriquecedora que aquella que lleva su “Yo real”, obligado a ir todos los días a un trabajo que detesta y a rodearse de personas que, por un motivo u otro, sencillamente no comparten sus mismos intereses. Con el tiempo, y a medida que el entramado de la Red permita acceder a cada vez más recovecos de información/esparcimiento, pongamos que esta tendencia va en aumento. De ser así, prácticamente no hay límites para nuestro “Yo virtual”. Bueno, mentira, sí hay uno, el más obvio.

Todavía necesitamos un cuerpo que introduzca la información. Es decir, todavía dependemos del “Yo real”.

¿Y qué pasaría si nuestro “Yo real” un día dejase de existir? ¿Qué ocurriría con todos esos posts ya escritos, esa bandeja de entrada que seguiría recibiendo correos, ese perfil de una red social que continúa estando expuesto?

Aquí en Alemania hubo un caso, hace un par de años, de una chica que desapareció sin dejar rastro tras una fiesta en su universidad. Meses después de su desaparición, la gente continuaba dejándole mensajes de afecto en su perfil de StudiVZ (la red social de Internet más popular de Alemania), hasta que la propia compañía decidió retirar su perfil.

Podría ser ese el primer caso (al menos que yo conozca) de un “funeral virtual”. El día que uno de nosotros ya no esté, ¿se encargará alguien de andar sobre nuestros pasos a través de la red y hacer que ese “username” desaparezca para siempre o, por el contrario, permanecerá como un fantasma al que otros verán, pero que en realidad no escucha?

Hombre, por esa pasta yo también me quedaría.